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sábado, 8 de marzo de 2014

*Las apariencias engañan*


Sección: Pensamientos Fundamentales en Nuestra Vida Diaria

Por Serafín Alarcón Carrasquillo/Noticias Sur P.R.

Romanos 8:28 - Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.


Hoy es uno de esos días en donde el pronóstico del tiempo falló. Estuve en el pueblo de ARROYO visitando una comunidad que se encuentra casi en el casco del pueblo. Son casitas pequeñas, de las que hace el gobierno. Cuando uno camina por esta comunidad el aire es más de barrio que de urbanización. Y bueno, les diré que a pesar de la lluvia la gente me recibió con mucho afecto. Una señora que dijo conocerme, me saludó como si fuese un familiar suyo. En verdad, cuando la gente abre su corazón y muestra amor y respeto por las cosas del Señor, mi alma se llena de esperanza y de alegría. A pesar de su buena disposición me confió que estaba mudándose y que ya no le volvería a ver allí. Hacía una semana alguien trató de entrar en la madrugada a su casa y eso le tiene sumamente nerviosa. Esta amada hermana en verdad se veía muy afectada y con temor. Fue entonces cuando recordé el texto en Romanos 8:28. Traté de animarle un poco pues entró en un llanto casi inconsolable.

Después de salir de su casa me topé con un caballero que al hablarle de Cristo me respondió: “! Cristiano! Uf… si hasta el diablo es cristiano…” ¿Se imaginan mi rostro? Fue como si me hubiesen derramado un vaso de agua fría por la cabeza. Pero, con todo y lo duras que fueron aquellas palabras me esforcé por ser manso y le dejé hablar. Me dijo que estaba cansado de la hipocresía religiosa de la gente, que había pertenecido por algún tiempo a una congregación y que de allí salió peor de cómo entró. Después de su desahogo solo me limité a preguntarle: - Amado hermano… ¿tiene la culpa Dios? - !Claro que no! -me dijo. - Tampoco yo… - añadí.  Entonces se echó a reír por mi respuesta y pasó a ver las tablitas mucho mas calmado. Hasta ofrendó dos dólares dándome su bendición. Sin duda Dios no tiene la culpa de las injusticias que a veces hacemos con nuestro prójimo dentro y fuera de la iglesia.

Como olvidar un grupo de tres hombres que cuando me veían ir en dirección a ellos comenzaron a reírse y a comentar algo que no lograba bien escuchar por la distancia. Mientras más me acercaba me percaté que uno de ellos tenía tatuajes en las piernas, las manos y en parte del rostro. Los tres bebían cerveza y uno de ellos estaba un tanto “tocadito”, ¿me entiendes?... Nada, que les enseñé las tablitas y les hablé de cómo yo las hago. Los tres, especialmente el de los tatuajes, las leyó con detenimiento. Esto me hizo recordar la ocasión en donde un grupo de damas de una iglesia salía de un culto en un hogar y cuando les ofrecí las tablitas se miraron a los rostros y no añadieron una palabra mostrando su desinterés. Irónicamente en aquella misma acera había un grupo de jóvenes tatuados y con música muy alta. Sin darme cuenta había caído en un punto de drogas. Todos se interesaron, casi todos elogiaron mi trabajo y ofrendaron contentos. Qué ironía… ¿No les parece?

Volviendo a los tres hombres, les digo que estuve por espacio de media hora conversando con ellos de variedad de temas y por supuesto hablando también de Jesucristo. En ocasiones Dios permite que pasemos por circunstancias difíciles para luego mostrarnos su poder y propósito más alto. Por eso es importante no dejarnos influenciar por lo que veamos. Dejemos que sea el Espíritu de Dios quien hoy guie nuestros pasos.

(El Autor es Misionero y Director de los Ministerios Tablitas del Señor y la Primera Iglesia Virtual).

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